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Eric Gibson


Hola. Me llamo Eric; tengo 37 años y soy parapléjico. Cuando tenía 25, me hicieron cinco disparos en la espalda con una .357. Estaba conversando con dos chicas en un automóvil cuando se produjo el tiroteo. Una de las chicas recibió un disparo en el centro de la cabeza y falleció en el acto. Camino al hospital, no dejaba de pedirle al asistente de la ambulancia que me tomara la mano mientras le rogaba a Dios que salvara mi vida. Al llegar al hospital, me comunicaron que estaba paralizado.

Después de casi una semana y media, me enviaron a un hospital de rehabilitación. Sentía que esas personas iban a lograr hacerme poner de pie nuevamente. De todos modos, eso fue lo que me dijeron en el hospital anterior, "Esta gente te ayudará a volver a caminar." Así que comencé mi programa de rehabilitación y empecé a ir a terapia todos los días.

Organizan una reunión de padres en conferencia en la que te reúnen con tus padres para hablar sobre tu lesión, con los médicos y el terapeuta. En esta reunión, básicamente me dijeron que nunca volvería a caminar. Nunca tendría ningún movimiento por debajo de la cintura. Nunca podría volver a tener una erección. Nunca podría volver a tener hijos... y todas estas cosas diversas. De modo que, después de oír todo esto, por supuesto, me sentí realmente deprimido. Me tomó un tiempo algo así como empezar a acostumbrarme a esta nueva vida que iba a tener que vivir. Simplemente empecé a orarle a Dios y asistir con más frecuencia a la terapia en un intentto para lograr, lo que ya saben, todo lo que querían que hiciera.

Salí del hospital después de unos 65 días. Cuando llegué a casa, averigüé todo acerca de algunas cosas que me trataron de enseñar en el hospital, como el cuidado del intestino y de la vejiga, distintos procedimientos y cómo cuidar la piel con respecto a las escaras por presión y distintas cosas como esas. Iba a ser una verdadera prueba para mí, esta nueva vida que estaba intentando vivir.

Comencé a investigar algunos libros sobre lesiones de la médula espinal. Comencé a visitar los distintos sitios de Internet, tratando de aprender acerca de este tipo de lesiones. Comencé a desear involucrarme en mi terapia. Comencé a conocer mi cuerpo, acerca de espasmos y distintas cosas que sucedían en mi cuerpo. Tuve que volver a aprender cómo utilizar mis intestinos sin contar con los músculos para hacerlo. Tuve que aprender a cumplir un programa de vejiga, que implicaba vaciar la vejiga cuatro o cinco veces al día con un catéter. Y todo esto era nuevo para mí. Era como si fuera nuevamente un bebé pequeñito y tuviera que crecer hasta lograr ser un hombre. Fue muy deprimente tener que dar todos estos pasos de bebé pequeñito, pero con la ayuda de la oración y de los amigos pude superarlo.

Después de un tiempo, quise participar en algo donde pudiera ayudar a la gente. De modo que me involucré en un programa de prevención de la violencia. Era un programa desarrollado para hablarles a los adolescentes sobre drogas y pandillas y distintas cosas como ésas. Y ¿saben una cosa?, allí tuve un sentimiento de consuelo: de que podía compartir distintas cosas con esos chicos para que no tuvieran que atravesar por lo que yo estaba atravesando.

Sí…Realmente estuve con el ánimo muy bajo por un tiempo después de la lesión. Pero salí de eso y, cuando lo logré, supe que mi misión con la lesión de médula era ayudar a la gente. Y ahora, cuando miro hacia atrás y veo mi vida y lo que tuve que sufrir, nunca pensé que podría llegar al punto donde estoy ahora.