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El rincón de Brooke

Brooke Ellison


En marzo de 2006, me uní al resto del mundo para lamentar la desaparición de Dana Reeve. La vida de Dana marcó a cientos de millones de personas de todo el mundo y su fallecimiento, estoy segura, afecto a todas esas personas. Hay muchas palabras que describen a Dana: defensora, pionera, amiga, esposa, madre, y todas caracterizan alguna parte de la vida multifacética de Dana. Aunque creo que éste es el caso de todos quienes tienen vidas que vale la pena celebrar, algunas personas se brindan tanto, han marcado tantas otras vidas y han llegado a representar tanto que merecen un reconocimiento particular por parte de sus amigos y seres queridos en todo el mundo. Ése fue el caso de Dana, y me siento honrada por compartirlo.

Durante el transcurso de las últimas semanas, y más recientemente en el hermoso servicio en memoria de Dana, los amigos y seres queridos de la familia Reeve compartieron historias de cómo haber conocido a Dana dio realce a sus vidas. Algunos hablaron de su permanente sentido del humor. Otros hablaron de su indoblegable determinación. Hubo quienes hablaron de su bendita relación con Chris. Todos, sin embargo, hablaron de su amor, compasión, dedicación y espíritu milagroso. Estoy segura de que todos los que conocieron a Dana tienen alguna historia o reflexión similar para compartir, y de que cada una de ellas liga de alguna manera a las personas con ella. Me gustaría compartir la mía con ustedes.

Conocí a Dana hace unos seis años en Washington D.C., en el 10º aniversario de la celebración de la Ley para Estadounidenses con Discapacidades. La recepción del evento se realizó en la residencia del Vicepresidente y, aunque la velada se caracterizó por dignatarios y otras personas dignas de la atención de Dana, hizo un deliberado esfuerzo por presentarse ante mí de una manera cómoda, sin prejuicios y cariñosa. Desde entonces, estuve frente a Dana muchas veces, en muchas situaciones distintas. Todos los años, veía a Dana y a Chris en la gala anual Velada mágica de la Fundación Christopher Reeve. Cada vez, aunque todos los asistentes a los eventos se presentaban de su mejor forma, siempre había algo particularmente hermoso en Chris y Dana, algo que iba más allá de la indumentaria. Al mirar hacia atrás, ahora comprendo que lo que resultaba tan cautivador de Chris y Dana era (y sigue siendo) su casi palpable amor y respeto mutuo, unido a un sobrio pero profundo impacto sobre el mundo que los rodeaba. Es raro que uno vea a dos personas que, juntas, tengan una influencia tan profunda sobre la vida de los demás y se dediquen tan apasionadamente a lo que se puede lograr sin tener en cuenta las adversidades. Es difícil no sentirse impresionado por eso. Es difícil no sentirse inspirado por eso.

Al pasar los años, he tenido la suerte de conocer a Dana y a la familia Reeve. Mi corazón fue bendecido por su generosidad, su compasión inquebrantable y su profundo amor. Pocas personas ejemplifican la belleza tan plenamente, tanto interna como externa, y la marca que Dana deja en el mundo es inmensurable. Compartimos unas tres semanas en el verano de 2004 en Nueva Orleáns durante la filmación de The Brooke Ellison Story (La historia de Brooke Ellison); durante todo ese tiempo nos hicimos muy íntimas, compartimos reflexiones y experiencias que unieron nuestras vidas. Dana, de hecho, tuvo una participación especial en The Brooke Ellison Story, en el papel de mi profesora de inglés en Harvard. En su aparición, leyó un pasaje del soneto 116 de Shakespeare, que incluía lo siguiente: “No es amor genuino el que se altera al encontrar mudanza o el que al ver inconstancia tuerce el rumbo. ¡Oh, no! Es un faro inamovible que enfrenta la tormenta con firmeza… Es evidente que las palabras de Shakespeare cobraban vida en los corazones de Chris y de Dana.

El trabajo que Chris y Dana comenzaron debe ser continuado por todos quienes hemos aprendido de ellos. Creo que es nuestra responsabilidad colectiva rendir honor a sus vidas comprometiéndonos con el trabajo que ellos iniciaron y, con la misma fuerza, perpetuando el ejemplo que establecieron de no sucumbir jamás ante ningún obstáculo o duda. Las vidas que vivieron deben resultarnos un reto para ser más cariñosos y más dedicados. Creo que todos podemos ver la diferencia que esos ideales pueden marcar. Tenemos que sentirnos impresionados por eso. Tenemos que sentirnos inspirados por eso.

A través del trabajo que la Fundación Christopher Reeve realiza a diario, Dana ayudó al avance de investigaciones prometedoras que afectarán a millones de vidas. La investigación que Dana patrocinó se aferra a la vida y el trabajo seguirá avanzando como un testamento de su vida y de lo que ella defendía. Dana Reeve es el epítome de lo que se puede lograr cuando se trabaja apasionadamente por una causa y esa pasión será su legado permanente. Indoblegable ante los retos o la adversidad, Dana luchó por algo mejor. Eso me impresiona. Eso me inspira.